Buscaba un sitio donde alojarse y quedó maravillado por el encanto de nuestro pequeño chalet de la Media Luna donde encontró la paz de un pueblecillo y la cercanía al centro de la ciudad que él reclamaba.
Puso su nombre al chalet…”. ¡Qué bonita si fuera cierta esta historia, eh!
¡Que es una suerte trabajar como vives!